29.5.05
Posibilidades
Esta es una historia que leí y me gusto, por eso la pego aquí.
Cuando yo era pequeño me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de ellos eran los animales, y dentro de ellos, mi preferido era el elefante.
Durante la función, la enorme bestia impresionaba a todos por su peso, tamaño y, sobre todo, por su descomunal fuerza. Pero, después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, uno podía encontrar al elefante detrás de la carpa principal, atado, mediante una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo. La estaca era solo un minúsculo pedazo de madera, apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa, me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir.
El misterio es evidente: ¿Por que el elefante no huye, arrancando la pequeña estaca, con el mismo esfuerzo que yo necesitaría para romper un palito de fósforos?, ¿Qué fuerza misteriosa lo mantiene atado, impidiéndole huir?
Tenía unos siete u ocho años, y pregunté entonces a mis padres, maestros y tíos, buscando respuestas a ese misterio. No obtuve una respuesta coherente (la edad no es un impedimento para percibir la coherencia, o la falta de ella, en lo que la gente nos dice). Alguien me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado. Hice entonces la pregunta obvia: -Si es cierto que está amaestrado, entonces... ¿Por qué lo encadenan? No recuerdo haber recibido ninguna respuesta que me satisficiese.
Con el tiempo, me olvidé del misterio del elefante y la estaca
Hasta que hace unos días, me encontré con una persona, lo suficientemente sabia, que me dio una respuesta que al fin me satisfizo: "El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy pequeño".
Cerré los ojos y me imaginé al pequeño elefantito, con solo unos días de nacido, sujeto a la estaca. Estoy seguro que en aquel momento el animalito tiro y empujó, tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo no pudo librarse. La estaca era muy fuerte para él.
Podría jurar que el primer día se durmió agotado por el esfuerzo infructuoso, y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que seguía... Hasta que un día, un terrible día, el animal aceptó su impotencia, y se resignó a su destino. El elefante dejo de luchar para liberarse.
Este elefante enorme y poderoso no escapa porque cree que no puede hacerlo.
Tiene grabado en su mente el recuerdo de sus, entonces, inútiles esfuerzos, y ahora a dejado de luchar, no es libre, por que ha dejado de intentar serlo. Nunca más intentó poner a prueba su fuerza...
Cada uno de nosotros somos un poco como ese elefante: vamos por el mundo atados a varias (cientos) de estacas que nos restan libertad.
Vivimos creyendo que "no podemos" con un montón de cosas, simplemente porque alguna vez probamos y no pudimos.
Grabamos en nuestra mente: no puedo... no puedo y nunca podré.
Crecimos portando ese mensaje, que nos impusimos a nosotros mismos, y nunca más lo volvimos a intentar.
La única manera de saber cuales son nuestras limitaciones Ahora, es intentarlo de nuevo, y creer que en la vida no hay imposibles!...
Anónimo
Esta es una historia que leí y me gusto, por eso la pego aquí.
Cuando yo era pequeño me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de ellos eran los animales, y dentro de ellos, mi preferido era el elefante.
Durante la función, la enorme bestia impresionaba a todos por su peso, tamaño y, sobre todo, por su descomunal fuerza. Pero, después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, uno podía encontrar al elefante detrás de la carpa principal, atado, mediante una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo. La estaca era solo un minúsculo pedazo de madera, apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa, me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir.
El misterio es evidente: ¿Por que el elefante no huye, arrancando la pequeña estaca, con el mismo esfuerzo que yo necesitaría para romper un palito de fósforos?, ¿Qué fuerza misteriosa lo mantiene atado, impidiéndole huir?
Tenía unos siete u ocho años, y pregunté entonces a mis padres, maestros y tíos, buscando respuestas a ese misterio. No obtuve una respuesta coherente (la edad no es un impedimento para percibir la coherencia, o la falta de ella, en lo que la gente nos dice). Alguien me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado. Hice entonces la pregunta obvia: -Si es cierto que está amaestrado, entonces... ¿Por qué lo encadenan? No recuerdo haber recibido ninguna respuesta que me satisficiese.
Con el tiempo, me olvidé del misterio del elefante y la estaca
Hasta que hace unos días, me encontré con una persona, lo suficientemente sabia, que me dio una respuesta que al fin me satisfizo: "El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy pequeño".
Cerré los ojos y me imaginé al pequeño elefantito, con solo unos días de nacido, sujeto a la estaca. Estoy seguro que en aquel momento el animalito tiro y empujó, tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo no pudo librarse. La estaca era muy fuerte para él.
Podría jurar que el primer día se durmió agotado por el esfuerzo infructuoso, y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que seguía... Hasta que un día, un terrible día, el animal aceptó su impotencia, y se resignó a su destino. El elefante dejo de luchar para liberarse.
Este elefante enorme y poderoso no escapa porque cree que no puede hacerlo.
Tiene grabado en su mente el recuerdo de sus, entonces, inútiles esfuerzos, y ahora a dejado de luchar, no es libre, por que ha dejado de intentar serlo. Nunca más intentó poner a prueba su fuerza...
Cada uno de nosotros somos un poco como ese elefante: vamos por el mundo atados a varias (cientos) de estacas que nos restan libertad.
Vivimos creyendo que "no podemos" con un montón de cosas, simplemente porque alguna vez probamos y no pudimos.
Grabamos en nuestra mente: no puedo... no puedo y nunca podré.
Crecimos portando ese mensaje, que nos impusimos a nosotros mismos, y nunca más lo volvimos a intentar.
La única manera de saber cuales son nuestras limitaciones Ahora, es intentarlo de nuevo, y creer que en la vida no hay imposibles!...
Anónimo
10.5.05
Desamor
Últimamente no hago mas que cogerme un constipado tras otro, además estoy un poco melancólica, yo creo que es debido a que me encuentro en una fase de desamor.
Últimamente no hago mas que cogerme un constipado tras otro, además estoy un poco melancólica, yo creo que es debido a que me encuentro en una fase de desamor.
1.5.05
Sobre el Mundo
A veces me planteo si tendré hijos o no, y me pongo a pensar en la posibilidad de que si se me pasa el arroz puedo adoptar alguno, entonces me siento mal por el hecho de que el azar elija a uno y no a otro, pero esta historia me anima.
Cuentan que una vez un hombre mayor caminaba por la playa contemplando el mar, cuando a lo lejos vio la figura de un hombre que parecía bailar.
Se apresuró para acercarse más a esa persona y ver exactamente lo que hacía.
Cuando se acercó se dio cuenta de que no estaba bailando sino tomando estrellas de mar y arrojándolas mar adentro tan fuerte como podía.
Le preguntó entonces: "¿Qué haces mi joven amigo?", éste respondió:
"La tarde está cayendo y la marea bajando, si no arrojo estas estrellas al mar morirán, así que las estoy enviando dentro del mar otra vez".
El hombre mayor sonrió irónicamente y le dijo: "Pero hay miles de playas en todo el mundo, donde miles de estrellas de mar morirán. ¿Crees tú que con eso harás alguna diferencia?".
El joven se detuvo por un momento, suspiró, tomó otra estrella; la arrojó y dijo: "Bueno, acabo de hacer una diferencia para esa!".
A veces me planteo si tendré hijos o no, y me pongo a pensar en la posibilidad de que si se me pasa el arroz puedo adoptar alguno, entonces me siento mal por el hecho de que el azar elija a uno y no a otro, pero esta historia me anima.
Cuentan que una vez un hombre mayor caminaba por la playa contemplando el mar, cuando a lo lejos vio la figura de un hombre que parecía bailar.
Se apresuró para acercarse más a esa persona y ver exactamente lo que hacía.
Cuando se acercó se dio cuenta de que no estaba bailando sino tomando estrellas de mar y arrojándolas mar adentro tan fuerte como podía.
Le preguntó entonces: "¿Qué haces mi joven amigo?", éste respondió:
"La tarde está cayendo y la marea bajando, si no arrojo estas estrellas al mar morirán, así que las estoy enviando dentro del mar otra vez".
El hombre mayor sonrió irónicamente y le dijo: "Pero hay miles de playas en todo el mundo, donde miles de estrellas de mar morirán. ¿Crees tú que con eso harás alguna diferencia?".
El joven se detuvo por un momento, suspiró, tomó otra estrella; la arrojó y dijo: "Bueno, acabo de hacer una diferencia para esa!".